miércoles, 4 de marzo de 2015

A TODOS ELLOS


Tu que fuiste Nacional o Republicano y ......

Hacía frío esa mañana, cuando de forma sobresaltada se levantó de la cama, comenzaban los albores del invierno; la figura cadavérica de un ser casi humano portando una guadaña le hizo rememorar lo acaecido hacía muchos años en una fría región española cuando fue alcanzado ...

Estaba a las puertas de la Sala 14 de los Juzgados de Instrucción y de lo Penal en la "Gota de Leche", el Agente Judicial había llamado a mi cliente, cuando de repente sonó mi teléfono móvil, .... ¡Joder!, pensé, se me ha olvidado desconectarlo...
- ¿Dígame?
- Javi, soy el José "el Xie", tengo que hablarte hoy sin falta.
Nervioso, por su tono de voz, me olvidé por completo de mi cliente del juicio y de Federico, mi pasante, que me agarraba de la toga para llamarme la atención.
- Xie, ¿Te pasa algo grave?, le pregunté.
- Si, pero puedo esperar hasta que tú puedas, no me muero, ...., por ahora.
- Vale, ahora tengo un juicio pero en cuanto termine paso por tu casa y hablamos.

Me quedé pensativo en los estrados de la Sala, incluso cuando el Magistrado-Juez leía la acusación formulada por el Ministerio Fiscal a mi cliente. El "Xie", tenía setenta y cinco años, y hacía dos que no levantaba cabeza, era la última conexión que tenía con mis difuntos abuelos, padecía silicosis en grado casi terminal, pero como los carvallos seguía erguido y robusto.

Hacia el mediodía terminó el juicio, con una sabía decisión por parte del Ministerio Fiscal, que retiró todos los cargos contra mi egregio cliente. Encomendé a Federico, que en caliente, como hay que hacer las cosas, quedara con él para que esa misma tarde pasara por el despacho a satisfacernos la minuta. Le trasladé todos los bártulos y me dirigí al aparcamiento a recoger mi moto.

La distancia desde donde me encontraba a la casa del "Xie" no era larga, apenas seis kilómetros, pero sentía un nudo en la garganta; no pasé ni por mi casa, que dista apenas cien metros, estacioné la moto en la puerta de su domicilio y antes de que yo llamara al timbre él me franqueó la entrada.

luchaste por tus ideales o por otros imperativos, ..

Su cara reflejaba la plasmación del horror, demacrado, con pronunciadas ojeras, apenas podía articular palabra de forma coherente, me condujo tembloroso a la corrala y tomando asiento debajo de una higuera, me dijo:

- Javier, antes que nada perdóname por molestarte, pero necesito de tú ayuda para una empresa que me prometí hace años y quiero llevarla a término antes de que, ......, -un prolongado silencio se apodero del entorno-, me muera ....
No quise interrumpirle, pero mi corazón al oír esas palabras se estremeció.
...Hace ya casi cincuenta años que, como muchas veces te he comentado, estuve en el frente, con los Nacionales, aunque mis juramentos, bien sabes tú, eran un poco republicanos. Como te decía, o más bien nunca dije a nadie, ni lo sabe mi mujer ni mi hijo, allí ocurrieron cosas que hacen estremecer a cualquiera y más a un joven que le han puesto un fusil en las manos. Nuestra Comandancia había ordenado que tomáramos la posición indicada, cortando todo posible contacto del ejercito enemigo con los pueblos de alrededor, pero dicha maniobra nos aislaba de los pueblos y aldeas partidarias de nuestra causa, paradojas de las mentes pensantes. Así las cosas, y dado que no todos los días había guerra, -en el sentido estricto de la palabra-, manteníamos conversaciones con los milicianos y en general con los combatientes del frente contrario. Yo, llegué a tener muchos amigos de la otra línea, aun hoy retumban en mi cerebro sus nombres y las conversaciones que teníamos; porque sabrás que todos nosotros hablábamos español porque éramos españoles.

si te encontrabas en el frente de Teruel, te ....

Un día, recibimos la orden de abrir fuego a discreción contra las posiciones del enemigo, ellos no se hicieron de esperar y tras largas horas de fuego cruzado, fui alcanzado en la sien derecha, cayendo inconsciente al suelo. Lo que recuerdo fue verme postrado en el angosto espacio de la trinchera, una luz y alguien que se ponía por delante de algo, que me decía:
- No es tu hora, vuelve.
... yo, una vez emprendía mi regreso, giré sobre lo que podíamos decir mis propios pasos y lo ví, era un ser, como un muerto, portando una guadaña en sus manos y que con una indicación de su dedo índice en su ojo, me indicaba que nos volveríamos a ver. Ante esa imagen prometí que .....

convoco a ti compañero, de este frente o de otro, descendiente de los que estuvimos allí: ....

...... haría algo por los que nos dejamos la piel. Yo fui trasladado a un hospital de campaña y tras estar en coma más de una semana y muy grave, me condujeron a un centro hospitalario, y posteriormente me licenciaron con todos los honores de héroe, volviendo a casa. Lo único que quería era olvidarme de todos los horrores que vi y sufrí, el carbón y la mina me parecían un camino de rosas comparado con lo padecido, y ... el resto de mi existencia ya la conoces tú bien. Y esta noche, la imagen que había visto en el frente cuando me hirieron, se me apareció y me dijo solemnemente:
- Sé que realizaste una promesa que no has cumplido, como tu honradez y sensatez te han caracterizado desde nuestro último encuentro, te informo que antes del verano vendré a recogerte, la cumplas o no.
Así están las cosas, me queda poco tiempo de vida, y te ruego Javi, por nuestra amistad, que no se lo digas a nadie.
Y el motivo de llamarte hoy a mi presencia, tras esta breve introducción, es que me ayudes con la promesa, puesto que yo sólo soy incapaz de llevarla a cabo, como bien sabes, apenas se escribir y leer, y lo que quiero..., -mantuvo un prolongado suspense-, es ....

el próximo día 19 de marzo del próximo año a las 11'00 horas en la posición que ocupabas en el frente, sin fusiles ni armas, tan sólo con una flor....

.... reunir a los compañeros de armas de un bando y de otro y poder hablar de cerca, cara a cara, con los que de forma irracional nos enfrentamos un día; sin barreras ni cortapisas de índole político, y rendir un profundo homenaje a cuantos lucharon y murieron por su causa.

Nunca nadie, me había encargado un trabajo tan emotivo y significativo y a su vez tan triste, porque una vez que se terminara él moriría.

Esa misma tarde, hablé con mi querido amigo Rosendo, Director del periódico local, le conté el encargo y desde ese mismo instante me brindó toda su colaboración y la del diario a través de las agencias de noticias, ...; me propuso la posibilidad de hacer una entrevista a mi amigo, la cual rehúse siguiendo los deseos del "Xie", de guardar el anonimato. Tan sólo le hice entrega de una nota de prensa con el ruego de que la hiciera pública.

.... para rendir un homenaje a los que durante días, semanas y meses mantuvimos conversaciones. A los que cayeron y a los que han caído desde entonces y para que nunca ni en nuestra piel de toro, ni en el resto del mundo puedan ocurrir sucesos como los que pasamos.
Os espero.
Fdo. El "Xie"
"R"

Rosendo cogió el teléfono y ordenó a un redactor suyo que inmediatamente subiera a su despacho. Durante la espera no articulamos palabra alguna, sé que estaba emocionado. Sonó la puerta y un joven redactor se presentó. Rosendo le informó de la conversación mantenida conmigo y de la necesidad de que todos los periódicos de España publicaran la nota que le hacía entrega, y que intentara que los países como Rusia y sus estados, Estados Unidos de América (en sentido lato), Europa, ..., se hicieran eco de la nota y la publicaran en ambos idiomas, para que llegara a todos los hogares en los que pudiera existir un español o descendiente de español al que le pudiera interesar.

Al día siguiente, todos los periódicos nacionales e internacionales publicaban la nota de prensa, la radio y la televisión colaboraron en su difusión.

El tiempo transcurría con extrema velocidad, cada día que pasaba informaba al "Xie" –como un Abogado informa a su cliente-, el cual, mostraba su alegría en la cara, que se traducía a su vez en un reflejo triste en la mía porque estaba realizando un acto de última voluntad.

Y por fin, llegó la víspera del acontecimiento, cogí el coche y me acerque a casa del "Xie", que tras unas breves palabras con su esposa y su hijo, sin duda alguna anticipando lo que le sucedería, se montó y con lágrimas en nuestros ojos perdimos la visión de su casa. Nos separaban ochocientos kilómetros. El viaje, lo realizamos por carretera dado el pánico que sentía el "Xie" por los aviones. Llegamos ya entrada la noche a Teruel, nos acomodamos en la habitación y lo dejé descansar, dado que se había fatigado en exceso por tan largo desplazamiento. Yo, por mi parte, recorrí las calles y observé que había coches y autobuses procedentes de todos los puntos de España y de Europa, pero curiosamente no se veía a nadie pasear. Entre en un bar y pedí una bebida fuerte, un aguardiente, quería emborracharme, quería que no se muriese mi amigo, quería parar el tiempo como sin duda lo quisieron parar años atrás otros, pero no tuve valor de que me viera llegar en un estado deplorable al hotel. Paseé durante toda la noche, hasta que los primeros rayos de sol despuntaron por el horizonte. Retorné al hotel, me duché y desperté a José y tras un abundante desayuno en la habitación, recogió de encima de una mesa dos flores, que no sé de donde salieron y tras entregarme una abandonamos del hotel. Me condujo por las calles hacia el exterior de la ciudad, un reguero de personas hacía lo propio, no había voces ni murmullos. Bebes en cochecitos, jóvenes ayudando a los que sin duda eran sus abuelos, y los hijos de éstos; cientos, tal vez miles de personas se acercaban a un campo, podía ver algunos que de forma marcial se encontraban parados, unos frente a otros, quinientos metros era la franja de separación –tierra de nadie como dicen hoy-. El "Xie", llegado un momento, se paró, giró a su derecha, miro al sol y al suelo, anduvo cuatro metros y se situó frente de un grupo de personas, a ambos lados dos señores de su misma quinta le miraron, pero no hubo palabras. A lo lejos, el reloj de la catedral marcaba las once horas, y sin saber cómo, mi amigo el "Xie" empezó a gritar nombres de personas,
- Juan ..., Valentín ..., el Vasco ..., Mariano, .....
y encontraba, en algunos de ellos, contestación en la lontananza,
- Sí, aquí estoy.
- Soy yo ....
y comenzó a caminar hacia las voces. Al verlo, una fila de personas mayores le imitó y esas voces que representaban a las personas, al ver su gesto, comenzaron a hacer lo propio y, cuando hubieron llegado a la mitad del camino, docenas de ojos se vieron, y conocieron por primera vez sus caras, hoy ajadas, antaño tersas y comprendieron la locura que hacía cincuenta años había tenido lugar en esas áridas tierras que estaban pisando y uno a uno fueron dejando las flores que portaban. Y, volviéndose sobre sí mismo, el "Xie" cruzó su última mirada conmigo, con una satisfacción y ternura que nunca podré olvidar, a continuación, vi que se desplomaba, corrí y cuando llegué apenas le oí decir una expresión que siempre considere vacía de significado y que al final hoy comprendía:

- Javi, gracias y .... ponte vivo.



VEGA-LA CAMOCHA

martes, 3 de marzo de 2015




AL JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA
  

Doña María de las Mercedes ……


Suena el teléfono.

-          Si, Margarita dígame.
-          Don José, perdone que le moleste, pero Don José Antonio Garaox …
-          El Notario ¿no?
-          Si, Don José, que quiere hablar con ….
-          Hágale pasar, si es tan amable, Margarita.
-          ¡José Antonio!, dichosos los ojos que te ven.
-          ¡Hola Pepe!, ¿que tal estás?, me imagino que ocupado; tenía que haberte avisado antes de mi visita pero donde hay confianza da asco, ¿no te parece?.
-          Tú sabes Pepe Toño, que no tienes que pedir cita para verme, que somos viejos amigos y compañeros. Y sí, estaba enfrascado con el inicio de una demanda, que si te soy sincero no me apetece mucho interponer a estas horas de una tarde de verano, pero bueno que le vamos hacer. ¿Y que tal Geli y los chicos?, espero que bien, salúdalos de mi parte.
-          Gracias a Dios, están todos bien, con ganas de veros a ti, a Pili y a tus chicas, que espero estén fenomenalmente bien, porque tú tienes un bronceado de envidia. Pero no quiero interrumpirte mucho y voy directamente al motivo de mi visita, que es profesional …….
-          Lárgalo ya, que me intranquilizas ………...
-          … no es de preocupar, pero vengo como Notario y no como cliente ni amigo ….
-          Me tranquilizas mucho más ahora, cuéntame te escucho atentamente.
-          Ayer en mi Notaria, di lectura a un testamento que tenía protocolizado hace ya treinta y cinco años, de cuando tú y yo nos iniciábamos en nuestras profesiones, de una señora que murió hace unos meses. Vinieron sus hijos a conocer su contenido, pero entre las distintas disposiciones mortis causa, se encontraba la de hacerte entrega de éste sobre que como puedes apreciar va dirigido a tu nombre y que en este acto te entrego y finalizo así mi encargo y por ende mi visita profesional.
-          Gracias, pero si no te importa, me gustaría que te quedaras y dieras fe de su contenido para evitar suspicacias no deseadas. ¿Te apetece beber algo?, ¿Un café, un refresco o alguna copa?.
-          Si me quedo y gracias no quiero beber nada.

Mientras recogía el sobre de las manos del Notario, en este caso, me preguntaba una y otra vez sobre su contenido, ¿quien era su remitente?, dado que mi amigo no lo comentó en la conversación y del que sólo sabía que se trataba de una mujer.
El sobre un tanto descolorido figuraba, de puño y letra, únicamente mi nombre y dos indicaciones para entregar por el Notario en mano si vive el destinatario y si estuviese fallecido que sea destruido por el propio fedatario público.
Lo abrí y me puse a leerlo, apenas pude terminar me entró un ataque de risa.

-          Ja, ja, ja, ja, ja ….
-          ¿Que te pasa Pepe?, preguntó extrañado el Notario.
-          Ja, ja, ja, perdona, -mientras seguía riéndome e intentaba recomponer mi figura-. Pepe Toño, no te lo vas a creer, pero lo que te voy a contar paso hace muchos años, tantos como los que tiene el testamento y te pido que guardes secreto profesional sobre su historia que intentaré recordar en lo sustancial.

Era una mañana de frío invierno, faltaban diez minutos para que el reloj señalara las diez, la puerta de la sala de vistas estaba entreabierta y dentro se oían unas voces entremezcladas con risas, el agente judicial no estaba franqueando el acceso, tal vez había bajado al Juzgado por alguna cosa, decidí, como era uso habitual entre los veteranos compañeros, entrar para dejar en la mesa mi pesada cartera y preparar mis aperos de trabajo, cuando estaba ya subiendo los estrados, una voz profunda me dijo:

-          Desaloje la sala.
No sabía de donde salía esa tenebrosa voz, dado que en el corrillo cercano a la mesa del Magistrado se encontraban cuatro personas.
-          Es que, tengo un juic….
Intenté balbucear, de entre el grupo salió la figura del magistrado, que con un paso hacia delante volvió a espetarme.
-          Ya le he dicho que desaloje la sala.
-          Pero es que yo soy Aboga…., -mientras intentaba recomponer mi rictus de igualdad-
-          Mire Vd., me importa más bien poco que es o quien es, aquí mando yo y por última vez le digo que desaloje la sala o le meto un correctivo disciplinario que se va acordar de mi durante toda la vida.

Que podía hacer, ante tal impropio comportamiento, tenía una ciudadana a la que defender a falta de unos minutos y ese sujeto tenía que dictar sentencia, al final hice lo lógico de mi juventud, di media vuelta y salí, y antes de que abandonara el recinto las voces y las risas prosiguieron.
Ya habían pasado más de quince minutos de la hora señalada para el comienzo de la sesión de juicio, que por cierto era el primero de los señalados para esa mañana.

-          ¿Sabe si hay para largo?, -le pregunte al Agente Judicial que se encontraba ya en la puerta cargado de papeles-.
-          Yo que sé, está de un borde hoy subido, bueno como casi todos los días. -Dijo sin inmutarse que lo oyeran-

Aun debieron transcurrir diez minutos más para que sonara, desde el interior, una campanilla, me recordaba el sonido las misas en el colegio de curas que estudie interno y que de forma obligatoria teníamos que asistir y recordando a mi padre dije entre dientes “si quieres un hijo pillo mételo de monaguillo”, el Agente abrió la puerta y entró, a los dos minutos se dirigió a mi persona, tuteándome como era costumbre ya, y diciéndome:

-          Tú clienta es Antonia Agara….,
-          Sí, efectivamente, pero Doña, ¿Vale?.
-          Ya puedes entrar y que Dios te coja confesado, -ignorando mi corrección-.

Como niños que ha dejado solos el profesor, parecían ahora los que anteriormente había visto cuando entre, de frente el Magistrado-Juez, con cierta cara de cinismo, a su izquierda el Secretario, que nada más verme bajo la mirada y disimulando tomar unas notas y a su derecha el Fiscal y otro individuo que por lo que me pude enterar se trataba de un futuro Juez que se encontraba en período de formación hablando entre ellos y mirando de reojo. Sin apenas haberme acercado, ni tan siquiera a los estrados, me espetó:

-          ¿Qué, negociará un arreglo con el Sr. Fiscal? …..

Y antes de que pudiera responder, me volvió a decir con un cierto tono despectivo.

-          ….. yo se lo recomiendo, su clienta lo tiene muy difícil.

¡Coño!, pensé, ya estamos, me está prejuzgando o mejor dicho ha dictado sentencia, y eso que hubo una reforma para que el que instruyera no sentenciara. Ahora, los demás personajes de la escena me miraban con unos ojos de regocijo esperando una respuesta afirmativa para evitar que se sumergieran en un tedioso juicio, que a la postre ni les iba ni les venía.

-          Lo siento, pero no estoy de acuerdo con su personal apreciación, o no se ha leído los autos o si los ha leído creo que Vd. debería haber cambiado de oposiciones y haber sido Fiscal, dado que ha sido pésima la instrucción, -estaba metiendo un órdago, pequeñito y sin fundamento- y carente de pruebas en su acusaci…….
- Es Vd., un impertinente, -sin dejarme terminar-, y si sigue por ese camino…., -veladamente me volvió a amenazar-.

Se quedó sin argumentos, movido por el despecho o por cualquier otra razón.
Con indiferencia me senté y fui poniendo mis papeles, libros y códigos encima de la mesa con cierta parsimonia, cuando hube a acabado, el Magistrado-Juez, me miró e indicándome con sus ojos sí ya estaba preparado, con una señal se dirigió al Agente, el cual llamo a mi clienta.
Ella entro con una elegancia exquisita, cubierta con un sombrero y portando unas gafas de sol, se puso delante del banquillo mientras Su Señoría, le dirigía el formalismo de costumbre.
Ella le respondió que no estaba de acuerdo con lo relatado por el Fiscal en su escrito provisional, manifestando a continuación que dado que a éste le correspondía probar la existencia del delito que se le imputaba, se acogía al derecho constitucional de no declarar.
Esto me dejo perplejo, por que no era ésta la línea de defensa que habíamos planteado la víspera en mi despacho.
De su bolso sacó una libreta de notas y tras escribir unas letras en una hoja me hizo un gesto para que la recogiera, cuyo contenido decía: “Perdone por lo que he dicho, pero soy solamente yo responsable de mis actos y tengo motivos más que suficientes para hacerlo”.
Ya estamos con la quiebra en la relación abogado-cliente, y ahora sobre la marcha cambia todos los planteamientos y sal airoso.
No, si hoy no es mi día, se encabritan conmigo y yo con ellos y ahora ella, perfecto de aquí al cielo.
El magistrado fue dando entrada a todos los testigos relacionados con el asunto y que fueron propuestos por el Ministerio Fiscal por mi parte intenté desmoronar todas sus pruebas en algunas de las cuales lo llegué a conseguir y en otras y dado la negativa de mi clienta a declarar me fue imposible.
En fin con mal sabor de boca terminamos los informes finales tanto la acusación como yo, la defensa, y conforme al ritual, el Magistrado, solicitó de la acusada que se levantara, y ante mi extrañeza, y sin duda de los presentes, esta una vez en pie se quitó el sombrero y las gafas con un gusto que cuando la vi a ella y vi al Magistrado, éste por no se que razón que no pude averiguar en aquel breve instante, se produjo un largo y frío silencio, interrumpido con una avisadora tos del Secretario y un Visto, débil y carente de personalidad, para sentencia invadió la sala.
Cuando hube firmado el acta, y procedía a salir el Magistrado salió de detrás de su mesa y se acerco a mi persona, diciéndome:

-          Perdone mi falta de respeto al inicio de la sesión, pero es que hoy tengo un mal día. -
Quien lo diría con las risas que se oían desde fuera, pense para mis adentros-.
-          No tiene importancia, pero no me resisto a decirle que lo único que quiero es que se me dé el mismo trato y consideración que a los restantes miembros de la Sala, Fiscal y Secretario, porque ….
-          No dude que se lo daré ….
-          ….. Señoría, no sólo a mí si no también al resto de los compañeros, todos estudiamos la misma carrera, la diferencia radica en que cada uno de nosotros hemos elegido caminos distintos que se juntan en más de una ocasión.
-          …. Señor Letrado lo tendré en cuenta, muchas gracias y repito perdóneme.

Cuando salí de la Sala, me dijo el Agente que mi clienta se había marchado, cosa que no comprendía de nuevo, toda vez que ya habíamos quedado en que intercambiaríamos impresiones de lo que había acontecido, impresiones un tanto negativas a mi juicio, que de haber sido el que tenía que dictar sentencia la condena estaba más que asegurada.
Una semana después, la Procuradora me llamó por teléfono adelantándome que se había dictado sentencia y que la misma era absolutoria, y que me enviaba copia de la resolución.

Si te soy sincero, José Antonio, me quedé perplejo, necesitaba saber los fundamentos para basar la absolución, ya qué como he dicho la condena era casi más que segura. Cuando los leí, tan sólo figuraba que por falta de pruebas y primando el principio constitucional de “presunción de inocencia” y el principio “in dubio pro reo”, procedía a la libre absolución.

Esa misma tarde intenté comunicar con la clienta, cosa que fue imposible dado que no se encontraba en la ciudad, le dejé encargado al interlocutor que se pusiera en contacto conmigo.
Las semanas fueron pasando y cuando me encontraba con el Magistrado me saludaba con unas reverencias incomprensibles.
Una tarde en mi despacho recibí un mensajero con una carta, era de la clienta, entre otras cosas me pedía perdón por su silencio y por su comportamiento y del que algún día me daría explicaciones, que le pasara mi minuta de honorarios y una cuenta para su ingreso, cosa que hice esa misma tarde, a los tres días recibí de la entidad bancaria un aviso de ingreso.

Volví a tener algún que otro juicio con el Magistrado-Juez, y sin entenderlo, en muchos casos conseguía unas sentencias favorables a los intereses de mis distinguidos clientes, de hecho me invitó en más de una ocasión a entrar en Sala antes del inicio de la sesión. Lo cierto es que conmigo siempre hubo respeto desde esa mañana, aun expensas de la fama que le precedía, de ogro e irrespetuoso con los compañeros, pero no se lo recriminé nunca más, bastante tenía para salvar mi prestigio como para abogar por el de otros.
Se que años más tarde fue destinado fuera de la capital, a un puesto de cierta importancia en la Judicatura nacional, y que murió hará ya diez años en un accidente de circulación cuando regresaba de nuestra ciudad.

Y ahora que conoces estos antecedentes, quiero que leas, ésta carta que me has entregado.

Apreciado y distinguido Letrado:

Cuando lea estas líneas, y por ley de vida, yo ya habré muerto, mejor dicho ya habremos muerto, no sé si me recordará más a mí o a él, el otro firmante de esta carta, pero quiero explicarle porqué no volví a verle más y el porqué de mi comportamiento en aquel juicio y sus consecuencias.

Cuando Vd. entró en Sala, oí la voz profunda del que me tenía que Juzgar y la reconocí, Vd. apenas me pudo ver a mi llegada y al salir me vio con la apariencia que tenía cuando entré, sombrero y gafas de sol. ¿Recuerda?.

Seguirá preguntándose, por esta carta y su explicación. El motivo fue que conocía al Magistrado-Juez, aunque el durante la sesión lo estuvo desconociendo, cosa que me agradó, y fue al final, recordará el prolongado silencio, cuando me identifique quitándome el sombrero y las gafas, y ¿sabe por que le dije que no se preocupara?, porque el que me iba a sentenciar era mi amante, el me conocía por el nombre que siempre me gustó y no por el mío verdadero. Esa misma noche, larga por cierto y con reproches, me contó, tras hacer el amor una vez firmada la tregua, el percance que tuvieron y le pedí que le tratara a Vd. como se merecía, puesto que Vd. me trató con educación, respeto y sobre todo profesionalidad durante el tiempo que duró nuestra relación, profesional se entiende, y que si no era así le contaría la verdad de nuestra relación y de la prevaricación, no sólo a Vd. si no a la prensa y que podía irse despidiendo de su anhelada profesión; él aceptó, y en prueba de ello firmamos este documento que Vd. está leyendo en estos momentos.

Los dos le pedimos perdón por el silencio y los despistes que esto le halla provocado en su ejercicio, pero sé que se ha portado bien Vd. a lo largo de estos años y nunca me pidió explicaciones, a las que sin duda Vd. tenía derecho. ¿Sabe una cosa muy divertida?. Su minuta la pagó él.

Por último, querría rogarle que por favor no le culpe ni me culpe a mí tampoco, le quería, le quiero y le querré el resto de mí vida, diferencias entre las familias impidieron que nuestra felicidad fuera un hecho público.

Muchas gracias por todo, atentamente le saluda.

Y la firma de ambos.


Fdo. SÉNECA

Un relato corto muy especial

UNA CITA A CIEGAS, PARA TODA LA VIDA.

 Tras un largo tiempo de espera ya se iba aproximando la fecha en que nos veríamos y nos conoceríamos.

Habían pasado bastantes meses y tan sólo restaban días o tan sólo horas, para encontrarnos en una cita a ciegas, que previamente habíamos provocado, una cita que sería para ambos y para el resto de nuestras vidas.

Era una de esas citas a ciegas en toda regla, no nos conocíamos, ni física ni epistolarmente, no sabría hasta el mismo instante de vernos cara a cara como era él, si era calvo, o por el contrario tenía una luciente mata de pelo, si era alto o bajo, delgado o recio, no sabía nada de él, …, bueno nada, nada, sería mentir, tan sólo eran referencias un tanto vagas que hacían acrecentar el deseo e interés de conocerlo cuanto antes y decirle: “......”, ¿y, que le diría? eso es otro de los temas que me atormentaban cada minuto y hora que pasaba para el encuentro. Mira que es cierto que nos gusta complicar las cosas, cuando a la postre una simple mirada vale más que mil palabras, lo que en resumidas cuentas me llevaba al punto de origen, no lo sé, ….., esperaría al crucial momento. Y por su parte, ¿cómo reaccionaría él?, ¿le gustaría?, ¿me aceptaría tal como soy?, otro enigma que se suma, igual que el anterior, el destino y el momento nos daría a la postre la solución a todos estos enmarañados pensamientos.


Lo único claro que tengo y de realidad casi palmaria es que será una cita a ciegas para toda la vida, porque la persona que estoy esperando, se me había olvidado decir, tiene nombre y apellidos y no es otra que mi hijo.